viernes, 2 de octubre de 2009

Riña Colateral

Día Miércoles nueve de septiembre del dos mil nueve…

Para las cuatro y veinte de la tarde, me encontraba caminando desde Novacentro con dirección al Lucy Tejada, caminaba para sentarme en aquellas escaleras que permitiera lograr el descanso del trajín del día. Mientras caminaba por las calles de la sexta entre las carreras diecinueve y dieciocho veía por una parte como hombres, mujeres y algunos niños seguían minuto a minuto el partido de fútbol que se jugaba entre la selección de Colombia y la Uruguaya, con la expectativa de tener la oportunidad de ingresar al mundial. Un sueño que no ha se ha vuelto a realizar durante catorce años. todo ello contrastado con el sofocante calor que para esa hora azolaba a los comerciantes que se pegaban de la radio para escuchar con expectativa el partido, permitiendo que la brisa del viento y el constante ruido de la calle fueran cómplices silenciosos de la dinámica que se estaba viviendo. Pero un momento, esperen, en toda la calle diecisiete esquina había una aglomeración muy grande de gente, el Megabús, ese enorme gusano verde que se hace sentir por sus fauces emiten ese ruido de motor inconfundible, estaba allí, detenido. ¿Habrá ocurrido un accidente? Pensaba yo para mis adentros. ¿será que iré al lugar de la noticia o mejor sigo mi camino trazado? Entre una opción y otra me decidí a acercarme cada vez más al lugar donde había cerca de doscientas personas conglomeradas de una manera impresionante, a la vez que los niños y los muchachos se venían queriendo evadir la policía que para entonces estaba presente en el lugar. La multitud era tal que por eso el embotellamiento o trancón hacía que los carros pasaran más lentamente, a la vez que el Megabus estaba allí, nte detenido. Comprendí que lo sucedido allí no había sido ningún accidente. De hecho, lo ocurrido en la cra 6 con calle diecisiete había sido producto de una pelea sobre la que todos comentaban con asombro en un mar de murmullos que se confundían con la tensión que se vivía para ese momento, Es así como la policía interrogaba a los vendedores ambulantes que trabajaban a la vez que yo buscaba en dónde sentarme para puntualizar más la descripción de todo lo que estaba viendo, estaba sintiendo, de toda cosa cuanto olía.

Al sentarme en las escaleras del centro donde quedaba antiguamente la Cámara de Comercio, comencé a notar cómo el Megabús para entonces se había marchado del lugar, a la vez cómo la policía pedía a la gente que abrieran el espacio para evitar que el embotellamiento creciera mas. El aroma era calido, quizás por el sol o por la multitud que para ese momento se estaba lentamente dispersando, calmando así su sed de curiosidad a la vez como algunos hablaban con arrogancia allí era la captura de un ladrón, a juzgar por la multitud de curiosos. Sin menoscabar a la policía que seguía con la labor. Para entonces yo me había contagiado de aquellas ganas de saber qué había sucedido exactamente, quería desde ese día ejercer la carrera de primer semestre de comunicación audiovisual y multimedios de la Universidad. Fue así como aguardé pacientemente a alguien de quien tuviera la completa certeza de que fuera habitante de ése lugar, para que contara lo sucedido. Incluso estaba dispuesta a pagar un dinero por adquirir esa información, pero para tristeza mía, no tenía ni siquiera cuatrocientos pesos para negociarla. Fue así como el señor que parqueaba los carros como una posibilidad para entablar un dialogo y hacerle una pregunta sencilla ¿Qué paso?. Un muchacho de camisón blanco, con pantalón negro clásico y zapatos bien lustrados pregunto algo. El vigilante del lugar le negó lo que estaba preguntando e indicó en él con su mano la penetración de un artefacto cortopunzante, indicando que alguien había penetrado con dicho objeto el estomago de una persona. Los murmullos hablaban de un señor que había apuñalado a otra persona justo en esa parte que el vigilante mencionaba.

Para las cuatro y treinta y cuatro minutos la muchedumbre se había dispersado casi en su totalidad, a la vez que el tránsito estaba en completa normalidad, La policía por su parte no tuvo órdenes de captura contra ninguno de los vendedores ambulantes que se encontraba allí en ese momento, a la vez que yo seguía aún sin saber que había sucedido, o mejor, cómo se había dado aquella pelea de la que tanto se estaba rumorando. Llame a una señora que vendía minutos, era de baja estatura, cabello extremadamente largo, vestía de chaleco verde que la hacía identificable a varios metros de distancia, unos jeans azules, sin mencionar sus tenis qué parecían estar gastados por el tiempo. Tras fingir que había llamado a ninguna parte, me decidí a preguntarle concretamente que había pasado.

Me contó que había un muchacho que se había bajado de un carro, bajo fuertes efectos de alcohol y mas por que le habían matado al papá. Comenzó a culpar al mundo de su propia desgracia a la vez que los vendedores ambulantes, al sentirse provocados por el borrachín, comenzaron a contestarle cuanto insulto proliferaba, fue justo entonces cuando este busca pleitos comienza violentamente arremeter contra varias personas, entre las cuales estaban algunos vendedores ambulantes. La gente que estaba al tanto de la situación se llena de valor para intervenir en el conflicto agrediéndole de igual manera. El muchacho, en medio de su locura logra pasar de la esquina en la que se encontraba a la otra a seguir desahogando aquel tanatos que lo tenía completamente poseído. Para ese momento había llegado la policía a detener todo ese despelote, justo en ese momento el señor de los tomates, el vendedor sacó un cuchillo y le dio la puñalada en el estómago al muchacho que se había empeñado en ir contra el mundo.

Tras conversar un rato con la señora que vendía los minutos acerca de lo complicado que era en un estado como aquel conservar la calma, le pague a la señora las pocas monedas de las que disponía, a la vez que la tensión que se lograba saborear, para ese entonces no quedaba si no un leve soplo, un leve recuerdo de lo que hacía no mucho tiempo había ocurrido en aquellas calles. Para entonces había terminado el primer tiempo del partido entre Uruguay y Colombia: 1 a 0 ganando Uruguay, a juzgar por aquellas caras que estaban atentas al partido. Las esperanzas de ir a un mundial se estaban tornando cada vez más remotas. Finalmente me fui de allí directamente para mi casa, buscando por un lado no pensar más en lo sucedido en las carreras sexta y séptima con calle diecisiete. Como a la vez el ir a la tienda a ver el mencionado partido acompañada de una cerveza para así calmar la sed que tenia. Producto de aquel sofocante calor.




FIN